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¿Qué es la atención?

La atención es la concentración del psiquismo hacia un estímulo determinado. Por lo tanto implica la existencia de dos elementos, un estímulo y una capacidad de concentración. El estímulo, objeto o acción que atrae la atención puede ser exógeno o endógeno, es decir, proveniente del medio o del propio cuerpo del individuo. Cuando la atención se concentra, la percepción del objeto aumenta adquiriendo una mayor fuerza para la fijación del mismo en la memoria.

Características de la atención

La atención tiene propiedades que permiten analizar su funcionamiento. Estas son: Amplitud: es el campo que puede abarcar la atención. Por ejemplo en un mismo lugar hay personas que pueden captar más detalles que otras.

Intensidad o Agudeza : la atención puede ser superficial o profunda. Independientemente de otras características, la agudeza o intensidad atencional permitirá captar otros elementos que no son tan evidentes . Las inferencias son las ideas que se logran por relacionar conceptos o ideas previos con una información nueva. Por ejemplo: Si yo digo que la gata en invierno debe comer doble ración de comida , si estamos en julio ¿Cuánto le debo dar? Sólo el conocimiento previo de los meses que abarca el invierno me permitirá tomar una determinación.

Duración: es la persistencia de la atención , el tiempo en que se puede mantener ; las leyes de la fatiga juegan un rol destacado en este aspecto. Cuando se reitera un estímulo o la respuesta es automática, es posible que se actúe sin la intervención de la atención

Tipos de Atención

Atención sensorial: el niño que sigue los movimientos de un globo, el sujeto que busca un objeto perdido, despliegan la atención sensorial, la cual pone en juego los sentidos.
Atención intelectual: el niño busca resolver un problema, comprender una lectura, despliega este tipo de atención. En las personas con problemas de aprendizaje suele presentarse un predominio del primer tipo de atención y en aquellas otras con situaciones conflictivas emocionales el predominio es de la atención intelectual.
Atención espontánea: es el tipo de atención que surge como resultado de un hecho sorpresivo. Este suceso puede provenir del medio externo como interno. Actúa en forma automática, es un reflejo, no es intencional.
Atención voluntaria: este tipo de atención está dirigida por la voluntad, es decir la iniciativa es del sujeto y no la atracción del objeto. Exige una concentración de todas las funciones mentales dirigidas al estímulo. El interés interviene con mayor énfasis en este tipo de atención.
Aspectos psicológicos en los niños con Déficit Atencional

Las características de personalidad que tienen los niños con ADD deben ser analizadas desde las características propias que trae el sujeto desde el nacimiento, desde el contexto familiar en el cual va a desarrollar su vida, desde las experiencias vividas y desde la impronta que todos estos condicionantes dejan grabada en la interrelación.

La conducta alterada de cualquier persona debe ser tenida en cuenta en función del momento evolutivo por el cual transita, teniendo en cuenta las características de normalidad para la edad y el medio en que se desenvuelve. Esa alteración, comparada con parámetros de normalidad, indicará la severidad de la patología y debe ser tenida en cuenta como una relación entre la conducta externa, observable y comunicable y el mundo interior simbólico.

La prestigiosa Dra. Telma Reca (Médica Psiquiatra argentina) solía dar como ejemplo la llegada de un niño inquieto o tranquilo a una familia que valoraba la inquietud o la tranquilidad como conductas positivas o negativas. Un chico con la misma conducta podía ser visto como inteligente o bueno, o en caso contrario como revoltoso o lento. De esta doble situación entre la apreciación por parte de la madre y de la conducta del niño construye un cuadro de doble entrada que marcaría al recién llegado. Si un niño es inquieto y la madre valora la inquietud como indicador de inteligencia, será bien aceptado, si lo valoriza como perturbador de la paz familiar, se lo tratará de reprimir en las conductas que le son naturales. Por otro lado, si el niño es tranquilo, la primera madre tal vez lo juzgue como tonto o lento y en el segundo caso como amoroso, placentero, fácil de manejar. Para visualizar estas vinculaciones proponemos el siguiente cuadro.


Niño inquieto
Niño tranquilo

Madre que valora la inquietud positivamente
niño inteligente
niño apocado, lento

Madre que valora la tranquilidad positivamente
niño perturbador y molesto
niño amoroso y placentero

De las entrevistas con padres surge de que modo ese niño fue recibido al llegar a esa familia ya constituida, si ésta se pudo adaptar o no a los requerimientos del nuevo integrante o si esa adaptación fue difícil o tal vez imposible.

En la misma línea de pensamiento Wilfred Bion (Psicoanalista Inglés, discípulo de Melanie Klein), desarrolló un modelo de adaptación basado en la interrelación que se produce entre la capacidad de “darse cuenta” de la madre y el nivel de “frustración” que trae el bebé en su impronta. La madre debe permitir que el niño “desee” lo que solicita un tiempo suficientemente extenso como para esperarlo, pero necesariamente corto como para no agotar su motivación.

Como ejemplo de un caso de respuesta inmediata a todo lo que un bebé desea, podemos contar el caso de un niño en tratamiento, con ansiedad, sumamente demandante, de 7 años, que no realizaba tareas en el primer grado la escuela. En la anamnesis surge que desde que nació (con problemas perinatales), hasta el momento, la madre o la abuela satisficieron inmediatamente todos los requerimientos del chico, convirtiéndose en esclavas de él. El pequeño dictador ordenaba y su deseo se cumplía. En la escuela no sucedió lo mismo, la maestra debía atender a muchos chicos, y trataba de lograr de este niño respuestas independientes. En consecuencia, él no trabajaba, como modo de rebeldía por el cambio de exigencia y tampoco porque no sabía hacer nada solo, sin ayuda de los adultos, no poseía instrumentos y estrategias disponibles para el aprendizaje que la escuela exigía.

El caso de los niños que no reciben respuestas por parte de los adultos, a pesar de llorar mucho tiempo, es el de aquellos chicos tristes, sin interés por lo que ocurre en el medio, con mecanismos de autosatisfacción tal como la onicofagia (comerse la uñas) o la masturbación.

Sin pensar en patología autista, existen niños con escasas energías para enfrentar dificultades, están vencidos desde el vamos, no pelean, cómo si no tuvieran deseo propio de conseguir algo.

Bion propone que ese momento de espera, entre el surgimiento del deseo y la satisfacción del mismo, es el momento en el cual se constituye el “aparato de pensar”, es el espacio psicológico en el cual se desarrolla la representación, la simbolización, funciones indispensables en el aprendizaje.

Al comienzo de la vida, el cachorro humano, parece no poder diferenciar entre la dualidad madre-hijo, pero las experiencias sucesivas y la maduración neurológica van introduciendo cambios que amplían enormemente el campo de relaciones. Todas estas experiencias contienen aspectos afectivos, cognitivos y sociales que se integran en un todo.

La edad y el nivel de desarrollo cognitivo, son elementos que no podemos dejar de tener en cuenta cuando nos referimos a la capacidad de una persona. Las relaciones interpersonales tienen características propias según los aspectos antes mencionados. Las posibilidades de relacionarse con distintos grupos depende del nivel de las estructuras cognitivas: primero sólo podrá vincularse con la madre, luego podrá incluir al padre en su mundo, después a los hermanos, a los parientes y a los amigos del círculo más estrecho, para recién llegar a los 6 años, más o menos, a poder establecer relaciones con extraños.

La Dra. Reca definía la conducta como “la expresión del funcionamiento de un organismo en un momento dado”. Consideraba que ese funcionamiento en la infancia era determinado por los siguientes factores:

Edad
Factores personales genéticos
Factores personales adquiridos
Factores pertenecientes a la experiencia pasada del individuo
Componentes de la experiencia actual
La correspondencia entre la edad y los síntomas de los trastornos son interesantes de tener en cuenta. Los niños generalmente reaccionan de acuerdo al grado de madurez biológica.

En los primeros años de vida los síntomas estarán más relacionados con el sueño, la alimentación, las actividades y las funciones fisiológicas del período. Por ejemplo:

De 2 a 4 años: presentarán dificultades en el control de esfínteres, inapetencia, dificultades para aceptar variedad de comidas, vómitos, constipaciones, inestabilidad, ansiedad y temor, pesadillas, hiperactividad, rebeldía y caprichos.
De 4 a 6 años: la problemática estará más centrada en terrores nocturnos, pesadillas, asma, agresión, celos, retraimiento, hiperactividad, masturbación, tartamudez.
De 6 a 9 años: hipersensibilidad, mentiras, tics, torpezas, serán las características sobresalientes y más comunes.
De 9 a 12 años: depresión, mentiras, onicofagia, cefaleas, convulsiones serán los síntomas más consultados.
Es decir, que de los 2 a los 4 años dominan los síntomas psicosomáticos ; de los 4 a los 6 los de ansiedad y agresión; de los 6 a los 9 los tics y torpeza ; de 9 a 12 , la represión que psicológicamente se instala con la pubertad lo lleva a los síntomas antes mencionados.

Si bien estos datos son generales para todas las personas, los niños con Déficit Atencional por las características que les son propias agravan los cuadros que se presentan y facilitan o complican cualquier conflicto emocional.

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