¡Cuántas
veces nos lamentamos porque no tenemos tiempo para todo! Lo mismo le ocurre
a nuestro hijo. No podemos hacer que el día tenga más horas, pero sí podemos
aprovecharlas al máximo. ¿Cómo? Planificando nuestro trabajo. Elaborar un horario
de estudio adaptado a las necesidades de nuestro hijo ayudará a mejorar su rendimiento
y le dejará tiempo libre para disfrutar de otras actividades.
"¡No,
aún no he terminado! ¡Espera que acabe esto! ¡No he tenido tiempo!"
Posiblemente
estemos cansados de oír esto a nuestros hijos. Y tienen razón. Están colapsados
de deberes, actividades extraescolares y obligaciones diarias de mera convivencia
(aseo personal, poner la mesa, ordenar la habitación) que les restan tiempo
de ocio.
No suelen
tener el tiempo suficiente o adecuado para disfrutar de lo que a ellos les
gusta y les distrae, independientemente de la actividad que se trate (música,
dibujo, deporte, lectura, televisión). Cuando cumplir con sus trabajos escolares
requiere una inversión de tiempo desproporcionada o no les permite llevar a
cabo otras actividades lúdicas, quizá es el momento de planificar un horario
de estudio que les ayude a organizar su tiempo, rentabilizar sus esfuerzos
y disfrutar así de su tiempo libre.
¿Cuáles
son las ventajas de contar con un horario de estudio?
- Crea
un hábito de estudio, lo que constituirá una base para toda formación
futura.
- Potencia
la concentración. Es más fácil centrar la atención en la actividad que
hay que realizar si se cuenta con un espacio de tiempo exclusivo y determinado
para ella.
- Sirve
para ser consciente del propio rendimiento y regular esfuerzos.
- Permite
compaginar el estudio con el tiempo libre y disfrutar de otras actividades
gratificantes.
- Ayuda
a librarse de la preocupación o angustia que conlleva la acumulación
de tareas pendientes.
La importancia
que le conceda nuestro hijo al horario de estudio determinará el cumplimiento
del mismo.
Nuestra
tarea no es la de imponer a nuestro hijo que cumpla un horario "porque sí",
en ocasiones determinado por nosotros mismos y que pretendemos mantener sin
concesiones. Es preferible planificar y diseñar conjuntamente con ellos un
horario de estudio efectivo y hacerle descubrir las ventajas de realizar
una programación adecuada a sus compromisos y deseos. Nuestro objetivo consiste
en que, finalmente, nuestro hijo aprecie el valor que tiene cumplir con el horario
establecido y lo ponga en práctica cada vez de forma más autónoma.
¿Cómo
debe ser un plan de estudio efectivo?
- Personal:
adecuado a las necesidades de nuestro hijo. Determinemos cuál es el mejor
momento del día para dedicarlo al estudio, qué actividades extraescolares
se realizan normalmente y dejemos el tiempo necesario para el descanso y el
ocio.
- Realista:
adaptado a la capacidad y disponibilidad de nuestro hijo. Es conveniente
programar el trabajo de manera que se pueda cumplir; sobre todo al principio,
nuestro hijo debe sentirse capaz de cumplir con lo establecido, de lo contrario
puede aparecer desánimo, frustración o rechazo.
- Flexible:
preparado para imprevistos. Hay que tener en cuenta que, con mayor o menor
frecuencia, surgen compromisos que nos obligarán a modificar horarios y actividades,
pero intentaremos que afecten lo menos posible a las tareas prioritarias establecidas
en el horario.
- Escrito:
que sirva de recordatorio de las actividades programadas y, a posteriori,
de referencia de las tareas que se han cumplido o no. Con niños pequeños se
puede elaborar un cuadro con dibujos que representen las actividades que hay
que realizar.
¿Cómo
planificar un horario de estudio con nuestros hijos y llevarlo a la práctica?
- Hacer
un listado de las actividades que nuestros hijos realizan diaria o semanalmente
y calcular el tiempo que ocupan, de esta forma nos será más fácil establecer
prioridades y construir un horario personal y realista.
- Planificar
el horario semanalmente, teniendo en cuenta que no todas las semanas son
iguales y que deberemos adecuar el horario a fiestas, compromisos, exámenes
o acontecimientos diversos que tengan lugar. Nuestro hijo no tiene porqué
privarse de determinadas actividades si aprende a organizar su tiempo. Recordemos
la importancia de la flexibilidad en una programación y que cualquier horario
está sujeto a cambios.
- Concretizar
las tareas al máximo. Por ejemplo, en vez de hacer una indicación general
"estudiar tecnología", es preferible detallar las actividades "estudiar
los temas 5 y 6 de tecnología".
- Dedicar
un especial interés a las materias más costosas y al orden de realización
de tareas. Es mejor comenzar con las de dificultad baja para pasar a las de
dificultad más elevada y terminar con las más fáciles.
- Modificar
el horario si se considera que los cambios afectarán positivamente en
el rendimiento. Quizá deba ampliarse o reducirse el tiempo dedicado a una
actividad según el esfuerzo o la dedicación que veamos que la actividad demanda
a nuestro hijo.
- Intentar
que las horas de estudio sean siempre las mismas y en el mismo lugar
para crear un hábito de estudio. No debemos permitir que nuestro hijo pierda
horas de sueño, que estudie cuando esté muy cansado ni después de una comida
importante, ya que la concentración no será la deseable y la realización de
la tarea le exigirá un esfuerzo excesivo.
Si se
planifica un horario de estudio y se cumple con él de forma continuada y constante,
es muy posible que nuestro hijo aprenda unas rutinas que le serán útiles para
realizar su trabajo de manera ordenada y autónoma, se habitúe a un ritmo de
trabajo y de descanso muy beneficioso para él y que obtenga provecho de sus
horas de estudio y de ocio para un adecuado desarrollo personal.